FRACTURAS
Mi madre se ha roto la pelvis. Es una fractura un poco Las Vegas, un algo Elvis. ¿Recuerda aquel movimiento de la susodicha tan característico? Pelvis en francés es bassin. Así lo he aprendido en las clases de pilates. La movilidad de la mía, como la de tantos hombres de mi generación y posición social, es limitada, al menos en la esfera pública. Sin embargo, cuando me subo a la dichosa máquina, la profesora me da a través de la megafonía instrucciones muy precisas, con lo que me veo obligado a tomar consciencia de cómo poner en marcha esa región del cuerpo que, según la Real Academia, está formada por los huesos sacro, coxis e innominado. Dejar a un hueso como innominado tiene algo de vagancia, como llamar cariño a tu pareja. Se nota que no le pusieron mucho interés, lo mismo que se podría decir de la doctora de la sanidad privada que mandó a mi progenitora de vuelta a casa a hacer seis semanas de reposo sin mayor explicación, sin el consuelo de pasar un par de noches en el hospital comiendo soso para que así pueda uno regresar a casa diciéndose “mi mutua me mima” que, aunque sea falso, nos da algo de tranquilidad en nuestra condición de pacientes ignorantes. Por no dar, no le dieron ni un palo para morder o una gasa empapada en coñac. La verdad es que somos fantásticamente eficientes, pero decepcionantemente precarios.
Ayer estuve con ella, acompañándola en un día de sus seis semanas de reposo. Los que vivimos lejos siempre andamos con un algo de nostalgia y un mucho de culpa por limitar nuestros servicios a la asistencia telefónica, que siempre había sido la peor forma de servicio al cliente hasta la llegada de las máquinas. En ocasiones, me dan ganas de decir “si quiere ser atendido en castellano, pulse uno; si vol ser atès en català, premi dos…”. Debo admitir que ya tenía los billetes de tren para dejar a los gatos en Barcelona, donde veranean. Su periodo vacacional consiste en desayunar tres veces y mirar por la ventana, lo cual cada vez se parece más a todo lo que deseo para mí. Cuando le llegue esta misiva, yo ya estaré de vuelta en París, así que habré pasado en Barcelona menos de veinticuatro horas, que viene a ser el tiempo que dedica alguien a ver una serie. Sin embargo, cuando mis hermanas se fueron a la ópera, yo pude sentarme con mi madre a tomar un combinado y unos pistachos viendo vídeos en YouTube de Mocedades o Julio Iglesias. La verdad es que es de los mejores planes de sábado que recuerdo, no hay que complicarse mucho.
Ahora, ya de vuelta, nos toca pensar en lo de esta noche. España contra Argentina. No voy a comentar lo de Rajoy, pero quería compartir con usted dos pensamientos a vuelapluma: primero, en un país como Francia, que luce ruina y caos y muerte, ¿realmente un ministro del interior y un jefe de gabinete deben reaccionar a un comentario de una columna deportiva? Segundo, es extraño ver a un presidente del gobierno del Reino de España disfrazado de Godoy, genuflexo ante un primer ministro francés, excusándose por la chanza de un columnista cuando todavía no se ha disculpado ante la nación que gobierna por tener a dos manos derechas (y su secuaz, antiguo portero de puticlub) en prisión, un hermano condenado, una mujer investigada, un fiscal general inhabilitado, largo y triste etcétera, pero qué sabré yo del pundonor, el decoro o la dignidad. Cada uno que se humille como quiera. A mí me gustaría que ganara España, como es obvio, y además también me satisfaría que perdiera un experimento médico cofinanciado por un club de fútbol que presuntamente ha sobornado a los árbitros durante veinte años y una forma de entender la competición que rima con trampa y falsedad, aunque tampoco hay que guardar rencor a quien nos regaló a Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa, a Mariana Enríquez y Leila Guerriero.
Puede que todo esto no sea para tanto, que ande algo irascible de haber cantado tanto los últimos meses como Rocío Durcal aquello de “ya lo ves, la vida es así, tú te vas y yo me quedo aquí” mientras que a mí me hubiera gustado poder cantar la otra, la de “como han pasado los años, como han cambiado las cosas, y aquí estamos lado a lado, como dos enamorados, como la primera vez”. A las seis y media de la mañana, descubro en el aeropuerto de mi ciudad –al que se le sumó en su día el nombre de un fallecido líder regional cuyo apellido quedará ligado para la posteridad con el del fuet malo y las pizzas congeladas– una cafetería que promete buen café. Sin embargo, en las fotos vemos unos vasos de plástico llenos de líquidos de color intenso, coronados de nata y sirope, acompañados de la frase emotional support coffee. En El abuelo, de José Luis Garci, Don Pío decía: “¿A mí me va a hablar usted de soledad, señor conde, que voy ya por el tercer perro enterrado?”. Ahora hay quien entierra vasos de café. Supongo que a veces lo único que queremos es encontrar a alguien que nos mienta, como los árbitros a Messi.



El fútbol no me sienta bien. Saca de mí una versión mezcla de patriota y choni… me hace pensar cosas como- preferiría que jugásemos contra Inglaterra, que van de lords pero son una panda de hooligans (si bien yo me imagino bebiendo té a lo Downton Abbey como si me llamase Cordelia Thorne-Fitzpatrick) mientras mi marido les dice a los niños que los argentinos son como primos y yo les explico que Messi es un garrulo que no paga sus impuestos. Total, gane quien gane mañana voy a tener que ir a trabajar. Espero que su madre esté mejor y que al menos la mutua le cubra la fisioterapia porque 6 semanas de reposo implican la pérdida de mucho músculo y a ciertas edades eso es como enterrarse en vida. La salud que nunca nos falte.
Quién sabe, quizás lo de Rajoy sea un comentario racista vergonzosamente gracioso y lo de Sánchez inexplicablemente común y ruin..
Ánimo para tu madre y paciencia para todos